Una palabra poderosa
Yael Eckstein | 8 de junio de 2026
Le dieron a Moisés este informe: “Llegamos a la tierra a la que nos enviaste, ¡y verdaderamente fluye leche y miel! Aquí tienen los frutos. Pero la gente que vive allí es poderosa, y las ciudades están fortificadas y son muy grandes. Incluso vimos allí a los descendientes de Anac”. — Números 13:27-28
Cada semana en la sinagoga, los judíos leen la Torá desde el Génesis hasta el Deuteronomio. La porción de la Torá de esta semana es Shelach, que significa "Envía", tomada de Números 13:1–15:41.
Uno de los grandes rabinos judíos de la Edad Media, Maimónides, nos dejó un comentario increíblemente profundo sobre nuestros versículos de hoy. Y todo gira en torno al poder de una sola palabra: PERO.
¿Cuántas veces hemos escuchado algo como "Hiciste un buen trabajo hoy, PERO…"? O tal vez incluso le hemos dicho algo así a nuestros hijos: "Te fue bien en la libreta de calificaciones, PERO…". Esa pequeña palabra tiene el poder de transformar algo positivo en algo negativo.
Consideremos el informe de los doce espías después de reconocer Canaán. Dijeron: "Llegamos a la tierra a la que nos enviaste, ¡y verdaderamente fluye leche y miel! Aquí tienen sus frutos. Pero la gente que vive allí es poderosa, y las ciudades están fortificadas y son muy grandes".
Si omitimos esa única palabra, nos queda un relato honesto de lo que vieron los espías y, de hecho, ese era el propósito de su misión. Sin embargo, esa única palabra transformó su declaración objetiva en una subjetiva, una que causó dolor, confusión y falta de fe.
Curiosamente, la palabra hebrea utilizada en el versículo para "pero" es la palabra efes, que también puede significar "cero". Este es el poder de la palabra "pero". Convierte todo lo positivo en absolutamente nada. El hecho de que la Tierra Prometida fluyera leche, miel y abundancia no significó nada para los hijos de Israel después de que los espías insinuaran que conquistar la tierra sería peligroso e improbable. Esa pequeña palabra cambió todo su informe y, en consecuencia, la trayectoria del destino del pueblo.
Años más tarde, después de que Josué hubiera guiado con éxito al pueblo a Canaán, compuso una nueva oración. Esta oración, que todavía se recita todos los días, contiene la frase efes zulato, que significa "no hay nada más que Él (Dios)".
No es casualidad que Josué, quien fue uno de los únicos dos espías en desacuerdo con los demás, haya usado la misma palabra que metió a sus colegas en tantos problemas. Su oración nos enseña que hay un momento en el que debemos usar la palabra "pero": cuando decimos: "No hay nada más que Dios".
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