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El rincón de Yael:
Regocijo por los inmigrantes que recién llegaron a Jerusalén

¡Shalom!
Una de las creencias judías dice que cuando llueve en Jerusalén eso le indica al mundo que Dios se muestra contento con sus hijos. Dice la Biblia que la lluvia es la manera en que Dios hace llover bendiciones sobre el pueblo de Israel.
Desde hace algunos años Tierra Santa viene sufriendo una sequía que la ha debilitado. No podía dejar de imaginar los cantos, las danzas y las oraciones que había en ese momento en un avión que estaba a 11 mil metros de altura, en el que los judíos etíopes hacían la última parte de su viaje. Yo contaba los minutos esperando que ese vuelo milagroso llegara, y sé que Dios se regocijaba también de ese hecho.
El vuelo llegaría a las 3 de la madrugada, y aunque hacía todo lo posible por dormir algunas horas antes de ir al aeropuerto a recibir a los inmigrantes, no lograba conciliar el sueño. No podía dejar de imaginar los cantos, las danzas y las oraciones que había en ese momento en un avión que estaba a 11 mil metros de altura, en el que los judíos etíopes hacían la última parte de su viaje. La espera estaba por llegar a su fin. Al llegar al aeropuerto en lo oscuro de la noche, con frío pero con el corazón lleno de calor por la emoción y el gozo, me vino a la mente las palabras del profeta: «Así ha dicho Jehová de los ejércitos: “Yo salvo a mi pueblo de la tierra del oriente y de la tierra donde se pone el sol; los traeré y habitarán en medio de Jerusalén. Ellos serán mi pueblo, y yo seré su Dios en verdad y en justicia”» (Zacarías 8:7).
Cuando la primera mujer etíope salió del avión, me dieron escalofríos, no por el frío sino por la mirada que había en su rostro cuando vio por primera vez Tierra Santa. Vaciló unos instantes mientras trataba de asimilar el milagro que vivía en ese momento, luego cayó de rodillas y besó el suelo. En voz alta y temblorosa, por la emoción, empezó a alabar a Dios, a Israel y a los que la habían ayudado a emigrar. Yo estaba a un lado, agitando con orgullo la bandera de Israel y gozándome de ese momento histórico que tenía ante mis ojos. Sentí que estaba soñando, pero lo que estaba ante mis ojos era real. «De la región más allá de los ríos de Etiopía me suplicarán; la hija de mis esparcidos traerá mi ofrenda», dijo el profeta Sofonías, y no pudo haber sido más exacto.
Cuando los recién llegados —con sus coloridos trajes etíopes y turbantes tradicionales— salían del avión, llevando a sus bebés a sus espaldas y con los niños a su lado, iban cantando alabanzas y acciones de gracias. Al ver a los parientes de quienes habían estado separados muchos años, corrieron para abrazarlos, y se echaron a llorar los unos en los brazos de otros.
Con bendiciones desde Jerusalén,
Yael
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