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Israel apoya a Haití con ayuda humanitaria
Estimado amigo de Israel:
Hace dos semanas un terremoto de gran magnitud sacudió a Haití. Los medios de comunicación han estado mostrando imágines tras imágines de la enorme devastación que sufrió esta nación. Se teme que haya cientos de miles de muertos, y cientos de miles más enfrentan la pavorosa realidad del hambre y las enfermedades.
La ayuda humanitaria ha llegado sin dilación a Haití. El flujo de trabajadores ha sido constante. Los donativos a organizaciones de beneficencia que están presentes en Haití han aumentado considerablemente. Una de las naciones que ofreció ayuda fue Israel. Inmediatamente después del terremoto Israel envió personal médico militar y civil y expertos socorrista a Haití. El hospital de campaña que los israelíes montaron rápidamente cuenta con lo último en tecnología y equipo y fue el primer hospital equipado con lo necesario para hacer cirugías complicadas a los que resultaron gravemente heridos.
Un doctor estadounidense dijo lo siguiente con respecto a la ayuda humanitaria israelí: «Estoy aquí desde el jueves. El hospital israelí ha sido el único que ha atendido a nuestros pacientes. Comparado con otros hospitales, el de los israelíes es como otro mundo. Tienen máquinas para hacer escaneos, para tomografías; tienen quirófanos, ventiladores, monitorización… Es increíble». Por su labor y empeño, los israelíes se han ganado el respeto de los haitianos. El domingo pasado una mujer dio a luz un niño en el hospital de campaña israelí, y dijo que como muestra de gratitud le pondría el nombre de Israel al niño.
La rapidez y eficiencia con que Israel respondió al desastre están arraigadas en el hecho de que a lo largo de su historia ha tenido que hacer frente a catástrofes inesperadas; y la constante amenaza del terrorismo lo ha forzado a buscar métodos seguros de salvar vidas y socorrer a los damnificados. Es por eso que hoy día Israel ha acudido en ayuda de Haití, así como lo ha hecho en el pasado cuando ha habido necesidad de ayuda humanitaria en otras partes del mundo. El primer ministro israelí Benjamín Netanyahu lo resumió de la manera siguiente: «Este es el verdadero legado del Estado de Israel y del pueblo judío… Sabemos que somos un país pequeño, pero tenemos un gran corazón. Así es como los judíos expresan su ética y su herencia: ayudando a los demás». Es muy difícil hallar consuelo en catástrofes como esta en la que el alcance de la devastación escapa a nuestra comprensión. En momentos como estos me viene a la memoria las palabras del salmista que hablan de la presencia de Dios aún en medio de las tinieblas y la desesperación: «¿A dónde me iré de tu espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiera a los cielos, allí estás tú; y si en el seol hiciera mi estrado, allí tú estás… Si dijera: “Ciertamente las tinieblas me encubrirán”, aun la noche resplandecerá alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día;¡lo mismo te son las tinieblas que la luz!». (Salmo 139:7-8, 10-12)
Aferrémonos a la promesa de que Dios está con nosotros en los buenos y en los malos tiempos y oremos fervientemente por el pueblo de Haití, que ha sufrido tanto y que para levantarse de los escombros tendrá que hacer frente a grandes dificultades en los meses y años por venir. Oremos también por todos los que han viajado a Haití de todas partes del mundo para ayudar y tratar de aliviar el sufrimiento del pueblo haitiano. Y no dejemos de pedir por el día en que Dios bendecirá a todas las naciones con shalom, paz.
El momento más conmovedor para mí fue cuando una madre etíope vio por primera vez en once años a su hija, y casi se desmaya. La hija —quien a los 15 años tuvo que quedarse en Etiopía porque quedaba solo un campo en el avión— llegó a Israel con su esposo y dos hijos gracias a En alas de águilas. Cuando pregunté a la madre cómo hizo para dejar a su hija en aquel entonces y viajar sola a Sión, me dijo sollozando que «los profetas habían dicho que seríamos reunidas en Jerusalén, y yo tuve fe en esas palabras».
Cuando los inmigrantes caminaban por el aeropuerto para dirigirse a los buses que los llevarían a los centros de asimilación financiados por La Fraternidad y donde aprenderían hebreo, les darían capacitación laboral y otras cosas, iban entonando lindos cantos etíopes acerca de Jerusalén, la libertad y la fe. La profecía de Isaías de hace cerca de 2000 años sobre Jerusalén llenó todo mi ser: «Se hallará en ella alegría y gozo, alabanzas y cánticos» (Is 51:3).
Con bendiciones desde Jerusalén,
Rabino Yechiel Eckstein
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