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Un nacimiento enriquecedor en la ciudad santa

¡Shalom!
Duré nueve meses preparándome física y espiritualmente para el nacimiento de mi segundo hijo. Sin embargo, no me imaginé que esta experiencia sería tan conmovedora y que transformaría tanto mi vida.
Durante el embarazo busqué en la Biblia versículos que hablaran acerca de la experiencia de dar a luz; y aunque aprendí cosas muy hermosas en cuanto a la vida y la maternidad, ninguna hizo eco en mí. Ninguno de los versículos me inspiró la confianza suficiente que necesitaba para sobrellevar el dolor de dar a luz. Pero ahora me doy cuenta de que Dios estaba esperando el momento propicio para mostrarme el versículo que me fortalecería y animaría en la hora que más lo iba a necesitar.
Durante el tiempo en que me preparaba para traer una nueva vida al mundo, una estimada amiga mía, Shira, hacía frente a una lucha muy dolorosa contra el cáncer. Shira fue la madre, la esposa, la hija, la hermana y la amiga más sabia en lo espiritual que he conocido. Así como las plantas sacan vida del agua y del sol, ella sacaba vida de la palabra de Dios y de la tierra de Israel. Ella fue una madre, una esposa, una hija, una hermana y una amiga que inspiraba a todo el que se cruzaba en su camino. Durante su lucha, su rostro nunca perdió la sonrisa y sus manos nunca abandonaron su libro de oraciones. Sus palabras siempre fueron positivas, a pesar del dolor que tuvo que soportar a la tierna edad de 25 años. Esto fue siempre una realidad en su vida hasta el día que exhaló el último suspiro un mes antes de que naciera mi hijo.
En una de los servicios fúnebres que se celebró en memoria de Shira, su esposo habló de la fe y confianza profundas que ella tenía en Dios: Shira tenía dolores casi en todo momento del día, pero se mantenía firme en la convicción de que «Dios puede traer redención en un abrir y cerrar de ojos». Él dijo que este versículo salió constantemente de los labios de Shira durante su enfermedad. El saber que Dios tiene control de todas las cosas y puede, en un abrir y cerrar de ojos, cambiar el dolor en alivio y consuelo la ayudó a soportar cualquier cosa. Cada vez que sentía alivio del dolor alababa a Dios por redimirla del sufrimiento que le era tan familiar, aunque fuera solo por un momento.
Durante el parto seguí el ejemplo de Shira. Cada vez que el dolor se volvía insoportable me acordaba que «Dios puede traer redención en un abrir y cerrar de ojos». Repetía con toda confianza estas palabras en mi mente, y antes de darme cuenta, el dolor había disminuido. En lugar de concentrarme en el dolor que me producían las contracciones, me valía de estas para fortalecer mi fe.
Cuando la enfermera nos dijo, a mi esposo y a mí, que nuestro bebé no tardaría en nacer, sacamos el libro de los Salmos y empezamos a cantar alabanzas a Dios. Queríamos que esas palabras históricas e inmortales fueran las primeras que llegaran a los oídos de nuestro hijo al venir a este mundo.
Diez minutos después de que la enfermera nos habló, nació nuestro hermoso y saludable hijo, a las 9:30 a. m. de una mañana mágica de un sabbat. Mi esposo y yo nos miramos mientras que las lágrimas corrían por nuestras mejillas. No había necesidad de palabras porque ambos sabíamos que pensábamos lo mismo: ¡acabábamos de presenciar un nacimiento muy hermoso, favorable y enriquecedor!
Cuando nuestro hijo nació le di gracias a Dios por su gracia y por Shira, de quien había aprendido tanto. De ella aprendí que si bien hay mucha aflicción en el mundo, Dios nos trae consuelo. Si depositamos toda nuestra confianza y toda nuestra esperanza en Él, nos capacitará para que podamos soportar las aflicciones. Qué gran lección acompañó a una experiencia tan llena de bendición.
Con bendiciones desde Jerusalén,
Yael
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